lunes, 1 de agosto de 2011

Berlín, con su Kreuzberg y su Brühl

Fuente: El País, "El Viajero"

El actor Daniel Brühl tiene un bar de tapas en el barrio berlinés de Kreuzberg. Zona capitalista después de la II Guerra Mundial, distrito turco donde se creó el concepto 'multikulti' y ahora nueva sede alternativa de la ciudad. "Es el barrio en el que hay que estar".


Regentar un café o un bar. Ese era uno de los sueños adolescentes de Daniel Brühl (Barcelona, 1978). Y el actor, protagonista de Goodbye Lenin, Malditos bastardos o Salvador, lo acaba de cumplir con Bar Raval (Lübbener Straße 1; www.barraval.de), un restaurante de tapas, "de las buenas", en pleno Kreuzberg. El barrio turco berlinés, nueva sede oficial del underground europeo. "Es donde hay que estar", exclama Brühl mientras hace de guía por la zona. El Museo de las Cosas, una panadería a la francesa o un café con nombre de novela de Rimbaud son solo algunos de los locales que frecuenta cuando le toca vivir una temporada en la capital alemana. "Mi ideal es pasar primavera-verano aquí y el otoño-invierno en Barcelona".

 

01 Cruasanes y afeitado

"El pan es una catástrofe en Berlín", se queja el actor. Solo un pequeño local rebate su tesis de que las afamadas hogazas alemanas se encuentran en el sur del país o en Francia. "En Salon Sucré (Görlitzerstrasse 32A; www.salonsucre.de) hacen los cruasanes con mucho amor, un pan increíble, y encima te puedes cortar el pelo", cuenta Brühl. El local era una peluquería y ahora es un sitio mixto (peluquería, de miércoles a sábado, de 10.00 a 18.00; pastelería, de jueves a domingo, de 10.00 a 18.00). "Somos un nuevo concepto que funciona porque la gente nota que cuidamos todo lo que hacemos", explica uno de los pasteleros. Tiene acento francés, lo que le acaba dando la razón a Brühl, que tras el café invita a cruzar una de las entradas del Görlitzer Park.


El parque debe su nombre a una estación de tren, fundada en 1867, que conectaba la capital con Silesia (región de la actual Polonia). Los restos que quedan de algunas de sus estructuras aparecen dispersos por el parque, y el cuerpo principal del intercambiador, sede de fiestas espontáneas hace algunos años, luce ahora remodelado como el bar, lounge y restaurante Das Edelweiss (Görlitzerstraße 1-3; www.edelweiss36.com). En verano, desde su terraza, se huelen las barbacoas que organiza la gente del barrio. Si se sigue el olor de las chuletas se llega al legendario cráter que parte el espacio verde. Unos dicen que es el recuerdo de un bombardeo aliado; otros, que formaba parte del túnel de acceso a la estación.

02 El corazón de Xberg

Oranienstrasse es la clave. Esta calle lleva décadas siendo el corazón de Xberg (como llaman al barrio) y lo que ocurre en sus aceras marca tendencia. Primero fueron los negocios turcos; luego, los spätis (tiendas que cierran a las dos o las tres de la mañana) y las cafeterías donde se puede fumar sisha... Lo último en aparecer: el Museo de las Cosas. "En Berlín hay multitud de museos conocidos, este es especial y bastante anónimo", cuenta Brühl. En el Museo Der Dinge (Oranienstrasse 25; www.museumderdinge.de) se pueden ver tazas de desayuno con esvásticas de la época nazi, o abrir los cajones de un prototipo de cocina perfecta de 1926. La colección es un repaso al diseño desde principios del siglo XX hasta la actualidad.
En el barrio, que va a la última, no podía faltar una tienda de discos de segunda mano, Alberto Records (Gneisenaustrasse, 56), que además de vinilos vende lámparas vintage; o un local como Wildfremd (Oranienstrasse, 194; www.wildfremd-berlin.de), dedicado a los creadores berlineses.
Aunque la zona está cambiando y la gentrificación (o elegantización) se palpa en el ambiente, los vecinos pelean por mantener su identidad. Así, mantienen la costumbre de reunirse en el Bateau Ivre (Oranienstrasse 18), un café con nombre de poemario de Rimbaud, espíritu transgresor y paredes desconchadas, para debatir sobre el estado del mundo.

03 Pedales por el parque

Berlín hay que recorrerlo en bici; Kreuzberg, también. En Regenbogenfabrik (Lausitzerstrasse, 22; www.regenbogenfabrik.de) se puede alquilar una para acercarse a Treptower Park. "Para los rusos es un lugar mítico, un emblema", dice Brühl. Entre frases de Lenin se erige el Memorial Soviético, en el que sobresale una imponente estatua que rinde homenaje a los soldados rusos que lucharon en la II Guerra Mundial. A los pies del joven soviético que parte una cruz gamada con su bota siempre hay ramos de flores frescas.
Muy cerca se encuentra el antiguo parque de atracciones Luna Park (www.berliner-spreepark.de). Abierto en 1909 como el más grande del continente, su noria original dejó de girar en 1933. Durante la época comunista se reconvirtió en el Spreepark y hoy sus atracciones abandonadas sirven de escenario a inesperadas raves.

04 Cómics y Buñuel

De vuelta al corazón del barrio hay que hacer una parada en Modern Graphics (Oranienstrasse, 22; www.modern-graphics.de) para revolver entre las cajas de cómics. Si se quiere algo más filosófico, justo al lado, la librería Oh *21 (Oranienstrasse, 21). Para unir cultura con la primera copa, nada como el ángel exterminador, Würgeengel (Dresdener, 122; http://wuergeengel.de), uno de los mejores locales del barrio, según este actor apasionado del cine español. En el bar que homenajea a Buñuel se pueden tomar cócteles, fumar y cruzar una puerta casi secreta para llegar al restaurante italiano Gorgonzola Club (Dresdener, 122; www.gorgonzolaclub.de).

05 Todo un código postal


No tiene el toque pop del 90210 de Beverly Hills, pero el distrito postal SO 36 (SüdOst 36) posee la fuerza de la transgresión. Con él se designaba, durante la época del Muro, una zona del barrio de Kreuzberg, colindante con la sección comunista. Después, el código se asoció al Mayo del 68 berlinés, al mundo alternativo o a lo multikulti y ha acabado siendo una seña de identidad de la zona...y de sus noches. En el pequeño Cake Club (Oranienstrasse, 32) se puede sentir la inquietud artística al ritmo de los disc jockeys invitados. Roses (Oranienstrasse, 187) es una oda a lo kitsch con paredes de pelo rosa, Barbies enjauladas y varias vírgenes María brillantes. Para perderse del todo, el SO 36 (Oranienstrasse 190; http: //so36.de), un club impredecible que hace suyo el código postal y, fiel al estilo Xberg, ofrece cada día un plan diferente: conciertos de heavy, fiesta gay turca o noche de rastrillo. "El SO 36 es peligroso", advierte Brühl, "una vez que entras no sabes cuándo vas a salir".